Cuan si
fuera un tsunami que arrasa con todo lo que “vivir mejor” significa y que
deshace todo vestigio de identidad colectiva, hoy, a exactamente siete meses de
que se desate la tormenta perfecta del neoliberalismo desde el centro mismo
donde se gestó, Argentina, su paso destruye todo lo que toca, inocula toda
posibilidad de reacción y adormece el inconsciente colectivo que lucha desde
hace 200 años.

Y la
sumisión momentánea de la Historia de los Pueblos se realizó ayer, 9 de julio
de 2016, cuando el representante de los poderes concentrados (mediáticos,
económicos, judicial y extranjeros) vomitó lo que la derecha vernácula tuvo
atragantada los últimos doce años y medio: “Quienes declararon la independencia
debían sentir angustia de separarse de España”.

Pretendieron
vaciar la historia…pero como no pudieron borrar en estos 200 años a los
Belgrano, Castelli, Monteagudo, Moreno, Dorrego, San Martín, Güemes, Azurduy,
Artigas, Rosas, Yrigoyen, Perón, Evita y Cámpora entre otros, no podrán hacerlo
con estos doce años de dignidad nacional y popular, en los que Néstor y
Cristina representaron la llama de la liberación, la esperanza, la lealtad y la
igualdad de derechos.
Dicen
que la Historia la escriben los que ganan, pero la viven los que tienen Memoria colectiva, Verdad en los hechos y Justicia
en las ideas. Siete meses no enterrarán doscientos años, como cuatro años no
sepultarán doce. Aquellos que lucharon para que hoy seamos dignos soberanos
empapan nuestra lucha para que continuemos lo que empezaron allá por 1810; para
que seamos libres; porque lo demás, no importa nada.